lunes, 26 de junio de 2017

Capítulo 19: El león y la serpiente

En el capítulo 19 de Harry Potter y la Orden del Fénix, las cosas van bien con el ED, pero el primer partido de la temporada de quidditch va a traer problemas.

Este es uno de mis capítulos menos preferidos, e incluso ahora, años después, me sigue palpitando una vena en el cuello cuando lo leo. Así de grande es la impotencia que siento.

El capítulo empieza bien, con el ED convirtiéndose en un grupo afianzado y que ya lleva varias sesiones a sus espaldas. Se van notando las mejoras, y Harry no podría estar más satisfecho.

El centro argumental del capítulo es el partido entre Gryffindor y Slytherin, con el debut de Ron como interés principal. Ron es consciente de la presión, y,  aunque es bueno, su miedo al fracaso le lleva a dudar de sí mismo y fastidiarla.

Los de, Slytherin saben que si presionan a Ron lo tendrán más fácil para marcar y también afectarán al resto del equipo, así que montan una desagradable canción con ese fin.

Es difícil defender a Slytherin en esto; si bien intentar distraer al jugador rival es algo a esperar, esto es una clara conspiración entre la mayoría de los miembros de la casa, no el acto de unos pocos hinchas. Se deberían haber tomado medidas.

Los efectos de la cancioncita no se hacen esperar, y el pobre Ron las falla todas. Incluso el resto del equipo no está dando lo mejor de sí, y Harry termina desesperado por hacerse con la snitch cuanto antes y acabar con esa pesadilla. Lo consigue, pero la pesadilla no termina, sino que empeora.

Humillado, Ron se marcha solo, y Malfoy se desfoga por la derrota insultando a Harry, a Ron y a sus familias. Aunque no es algo raro en Malfoy, aquí ya cruza una línea.

¿De verdad se puede defender a Malfoy después de esto? Por puro rencor empieza a insultar con superioridad cuando su equipo no ha podido ganar ni saboteando al rival, y cuando ve que no tiene efecto juega la carta de la familia (que como sabemos por el libro anterior, odia que usen contra él, así que podemos añadir hipocresía también). Se gana a pulso la paliza, vaya.

Por supuesto, no voy a defender que Harry y George se líen a puñetazos con Malfoy, eso no es permisible de ninguna de las maneras, y el castigo de McGonagall me pareció apropiado, con Malfoy también castigado, claro. Es sólo que se puede entender, dadas las circunstancias estresantes.

Pero por supuesto, aquí llega Umbridge a fastidiar aún más las cosas. Cuando Dumbledore la obligó a permitir que el equipo de Gryffindor continuara, habló con Fudge, que se ha sacado otro decreto de la manga para poder desautorizar a los profesores cuando le venga en gana, en materia de castigos o de lo que sea. Ya me diréis qué tiene eso que ver con evaluar al profesorado.

Y así, con todo el morro, impide a Harry, Fred y George seguir jugando al quidditch en la escuela, haciendo oídos sordos a cualquier queja, y encantada de la vida, además.

Y así, el equipo de quidditch de Gryffindor queda reducido a las cazadoras y al guardián, al que este partido ha desmoralizado del todo. Fred y George han perdido una de las pocas cosas que les animaba a seguir estudiando, y el gozo de Harry ha caído en un pozo muy hondo. Hasta el retorno de Hagrid parece un premio de consolación más que otra cosa.

Nos vemos la semana que viene. Voy a ver si puedo hacer algo con el cuello, porque escribir esto ha hecho que la vena de la furia me vuelva a palpitar.

Observaciones y curiosidades:

  • En la traducción se dice que Malfoy intimida a Ron dejando caer la quaffle cuando se ven, lo que implicaría que va por ahí con una quaffle para hacerlo. En el original dice que finge tener una quaffle en las manos y dejarla caer. 
  • La canción de "A Weasley vamos a coronar" se titula en el original "Weasley es nuestro rey". Las letras son más o menos iguales. 


lunes, 19 de junio de 2017

Capitulo 18: El Ejército de Dumbledore

En el capítulo 18 de Harry Potter y la Orden del Fénix, Harry y los demás comienzan su grupo de Defensa con buen pie.

Está claro que la parte fuerte de este capítulo va a ser la primera reunión del ED, pero voy a comentar un par de cosillas primero.

Para empezar, está el tema de la aparición de Umbridge en la chimenea, un acto de lo más aterrador. Parecía que aún podían recurrir al consejo de los adultos para la tarea que van a empeñar, pero ahora están solos, y los riesgos son grandes. Dice mucho de todos que aun así quieran continuar.

Lo segundo es la comprensión de Harry de las sensaciones de Voldemort. Lo que hace poco eran leves sensaciones ahora son tenues percepciones, y pronto serán visiones completas. Quizás Dumbledore hubiera podido explicarle o tranquilizarle, pero no están en su mejor momento.

Por último tenemos a Dobby, que reaparece de nuevo para ayudar a Harry, devolviéndole a Hedwig y hablándole de un lugar en el que poder practicar, la Sala de los Menesteres. Una vez más, los elfos domésticos están más enterados que sus amos de lo que uno pensaría, y no va a ser la última vez.

La Sala de los Menesteres es un sitio muy especial. Corre el riesgo de ser un concepto conveniente para cualquier situación, pero la naturaleza de Hogwarts y el haber sido mencionada antes la hacen plausible. Nunca está muy claro cuáles son sus límites, pero sabemos lo suficiente para que funcione.

Y ahora sí, pasamos a la clase. Me he fijado sobre todo en que Harry está mucho más confiado, habla con sabiduría y toma las riendas de todo. Entre la sala que ha descubierto, su conocimiento de los objetos anti magia oscura y el mapa del merodeador, más de uno se tuvo que ir muy impresionado.

En cuanto a la clase, puede parecer raro que la gente no domine un conjuro sencillo como el de desarme, pero hay que entender que en Hogwarts hace mucho que no hay un currículum estable de la asignatura, y Harry aprendió por las circunstancias (incluso los aurores están impedidos por esto).

Harry hace bien su papel, demostrando que no sólo sabe lanzar conjuros, sino enseñar a otros y corregirles, algo que a más de un profesor le cuesta. Eso sí, a ver si deja de cortarse tanto con Cho, porque debería preocuparse por Marietta.

En todo caso, el ED empieza bien, y Harry tendrá al fin algo bueno a lo que aferrarse.

Observaciones y curiosidades:

  • Se dice que originalmente la Orden del Fénix y el Ejército de Dumbledore iban a llamarse de la otra manera, y que el libro iba a estar titulado por el grupo que monta Harry. Explicaría por qué la Orden tiene tan poco peso en la trama a pesar del nombre del libro. 
  • En la traducción se pierde un juego de palabras que, aunque poco importante,  es muy divertido. Cuando Fred y George comentan dónde les han salido granos y que les duelen al subirse a la escoba, en el original dicen que es a pain in the ass (un dolor en el culo) que, además de significar aquí exactamente eso, también quiere decir que es un fastidio, dicho malamente. De hecho, no se puede decir ass en este tipo de novela, así que Angelina los interrumpe cuando van a decir la última palabra, y la primera suya es all, muy parecida (es un recurso habitual en televisión).
  • En el original, Justin no está tapándose la cabeza con la túnica cuando termina de practicar con Luna, sino que el efecto de su conjuro se la ha volado encima y trata de quitársela. 
  • Me gustaría explicaros lo que es el umgubular slashkilter del que habla Luna, pero nadie lo sabe. Lo que sí puedo deciros es que aquí se tradujo como suumgubular porque en el original se decía como "su sumgubular", y alguien, al no entender lo que se decía, juntó las dos palabras. Al menos, así se explica que es algo que supuestamente tiene Fudge. 

lunes, 12 de junio de 2017

Capítulo 17: El Decreto de Enseñanza n° 24

En el capítulo 17 de Harry Potter y la Orden del Fénix, Harry está feliz de nuevo, al menos hasta que descubre el contraataque de Umbridge.

Después de la primera reunión de lo que será el Ejército de Dumbledore, Harry se siente optimista. Saber que hay personas que no le consideran un loco, sino alguien a quien admirar, hace eso a la gente.

Todo cambia el lunes, con el nuevo Decreto de Enseñanza. Tras recibir un chivatazo, Umbridge se apresuró en cortar por lo sano la rebelión, bajo la guisa de una simple inspección de las actividades extracurriculares. Sin saber lo del grupo puede parecer inofensivo, pero la amenaza de expulsión deja claro que no es una medida inocente.

Aunque seguirán adelante, Umbridge ya ha conseguido sembrar la duda entre los miembros del grupo. Salvo el trío, ningún otro tiene la seguridad de que el chivato no esté entre ellos, y aún sabiéndolo, Harry ha perdido su optimismo.

Y los eventos del día no ayudan a animarle. Para empezar, Hedwig llega herida en mitad de la clase de Historia con un mensaje de Sirius, que, aunque ambiguo, es suficiente para levantar sospechas de que estén controlando sus movimientos. En Pociones, Umbridge hace su inspección, y en su afán por cotillear acaba cargándose su poción, con el consiguiente trabajo de refuerzo. La verdad es que en esta ocasión es culpa de Harry, que no está a lo que está.

En Adivinación, la profesora Trelawney está en periodo de prueba (con razón) y está indignada, y aunque Defensa pasa sin incidentes, Umbridge no concede permiso al equipo de Gryffindor para jugar porque no le da la gana, con lo cual no hay entrenamiento.

Los chicos no tienen más remedio que estar atentos a que Sirius aparezca, y cuando lo hace resulta que la Orden también se ha enterado de su pequeño proyecto, y Molly no está nada de acuerdo.

Sirius sí lo está, y parece que su enfado con Harry se ha diluido en su orgullo por el grupo subversivo que están montando, algo que él y James hubieran hecho sin duda en su día. Quizá esté demasiado entusiasmado, pues está pasando por alto los riesgos, y con eso hace que Hermione se cuestione el asunto (irónicamente, pues lo propuso ella).

Y como para dejar claros los riesgos, resulta que Umbridge estaba espiando la Red Flu y casi engancha a Sirius, una escena aterradora que representa el riesgo que corren con este proyecto. Van a tener que echarle narices.

Observaciones y curiosidades:

  • Según el decreto, cualquier reunión habitual de tres o más estudiantes se considera una​ asociación. Dado que nuestro trío cumple ese requisito, no creo que sea para tanto.
  • Me pregunto si Ron escribió esa carta a su madre confirmándole que Sirius le había pasado el mensaje, porque me creo que se le olvidara con el susto de la chimenea. Espero que sí, porque Sirius ya está bastante​ mal con Molly.

lunes, 5 de junio de 2017

Capítulo 16: Reunión en Cabeza de Puerco

En el capítulo 16 de Harry Potter y la Orden del Fénix, Harry, Ron y Hermione llevan a cano el proyecto de clases particulares de Defensa, con más éxito del esperado.

Al mes de empezar el curso, las cosas se han estancado bastante: Harry ya se ha librado de los castigos con Umbridge, Ron va mejorando en los entrenamientos y los dos pueden llevar sus deberes al día por fin.

Ahora que las cosas están más calmadas, Hermione vuelve a proponer formar un grupo para aprender Defensa, y Harry ya no está tan en contra después de pensarlo con calma. Para evitar que Umbridge se entere demasiado pronto, Hermione decide aprovechar la salida a Hogsmeade para juntar a todos los que quieran participar.

La idea es buena, pero como le pasa a menudo a Hermione la ejecución flojea. Al evitar el pub al que va todo el mundo para ir a uno menos concurrido, se asegura de que su grupo llame más la atención, y que los pocos parroquianos que estén allí se enteren de todo, algo que en Las Tres Escobas se podría haber evitado.

Dejando eso a un lado, es bonito ver cuánta gente se reúne. La mayoría son conocidos a los que cabría esperar, pero también hay algunos de los que solo conocíamos el nombre, y otros nuevos.

Si fueron allí porque​ querían luchar, para aprobar los exámenes o por simple curiosidad, no importa realmente. Lo que importa es que se fían lo suficiente de Harry como para dejar que les enseñe, y están al menos dispuestos a escuchar su versión.

Harry, que había estado bastante enfadado con el mundo estos últimos capítulos, no puede evitar sonreír y sonrojarse al oír a sus compañeros hablar de sus aventuras en otros libros, y expresar su admiración y su deseo de aprender lo que él quiera enseñarles.

Aunque no todos comparten​ los mismos objetivos ahora mismo, está claro que este es el comienzo de algo muy grande, más que cualquiera de ellos, y que crecerá más de lo que hubieran podido imaginar.

No quiero terminar la reseña sin hablar de Hermione, que a pesar de su desliz en la elección del local y de su poco ortodoxa maniobra del pergamino embrujado está a tope en este capítulo: no solo tiene la idea y lo organiza todo, sino que modera la reunión, trata de no darle importancia a que Ginny tenga novio para que Ron lo lleve mejor (sin éxito), y apoya a Harry con Cho al mismo tiempo que va allanando el terreno para Ginny. Impresionante.

Observaciones y curiosidades:
  • El hombre vendado del Cabeza de Puerco es Willy Widdershins, el culpable de los inodoros regurgitantes que estaba investigando Arthur, y que se chivará a Umbridge para conseguir un trato de favor.
  • Asimismo, la bruja del velo es Mundungus, disfrazado para vigilar a Harry. Dado que Aberforth está ahí, no está muy claro por qué tenía que vigilarle, pero bueno.
  • Como ya he dicho, el dueño del bar es Aberforth, el hermano de Dumbledore. Las pistas están ahí, como el olor a cabra y que a Harry le suene su cara.
  • En el original, cuando Zacharias acusa a Harry de escaquearse, la narración menciona que Ron parece tomárselo como algo personal (ya que 'escabullirse' se dice weasel), y cree que lo ha dicho de esa manera a propósito.


jueves, 1 de junio de 2017

Profesora McGonagall

El texto de Pottermore de este mes trata sobre la profesora Minerva McGonagall, maestra de Transformaciones, jefa de la Casa de Gryffindor, directora adjunta de Hogwarts y miembro de la Orden del Fénix. ¿Cómo fue su vida? ¿Cuáles son sus motivaciones? Ahora lo descubriremos:

"Infancia

Minerva McGonagall fue la primera hija, y la única chica, de un presbítero escocés y una bruja educada en Hogwarts*1*. Creció en las Colinas de Escocia a principios del siglo XX, y sólo se fue dando cuenta de manera gradual de que había algo extraño, tanto en sus propias habilidades como en el matrimonio de sus padres.

El padre de Minerva, el reverendo Robert McGonagall, se había quedado prendado de la llena de vida Isobel Ross, que vivía en la misma villa. Como sus vecinos, Robert creía que Isobel asistía a un selecto internado femenino en Inglaterra. La realidad era que, cuando Isobel desaparecía de su casa durante meses cada año, era para viajar al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Consciente de que a sus padres (bruja y mago) no les gustaría conectar con el serio y joven muggle, Isobel mantuvo en secreto su creciente relación. A los dieciocho estaba enamorada de él. Desafortunadamente, no encontró el valor para contarle lo que era.

La pareja se fugó, con la furia de los padres de ambos. Ahora separados de su familia, Isobel no se veía capaz de manchar la alegría de la luna de miel diciéndole a su recién casado y enamorado esposo que se había graduado como la primera de su clase en Hogwarts, ni que fue capitana del equipo de quidditch de su casa. Isobel y Robert se mudaron a una casa parroquial a las afueras de Caithness*2*, donde la bella Isobel demostró ser sorprendentemente adepta para sacarle gran partido al modesto sueldo del sacerdote.  

El nacimiento de la primera hija de la pareja, Minerva, fue una alegría y una crisis. Al echar de menos a su familia, y a la comunidad mágica a la que había renunciado por amor, Isobel insistió en ponerle a su hija recién nacida el nombre de su abuela, una bruja de inmenso talento. Un nombre tan extravagante llamaba la atención en la comunidad en la que vivían, y el reverendo McGonagall tuvo dificultades para explicarle a sus feligreses la elección de su mujer. Es más, estaba alarmado por el cambio de humor que se estaba produciendo en su esposa. Sus amigos le aseguraron que las mujeres solían emocionarse tras el nacimiento de un bebé, y que pronto volvería a ser ella misma.

Sin embargo, Isobel se fue volviendo cada vez más retraída, a menudo encerrándose con Minerva durante varios días seguidos. Isobel le dijo después a su hija que había demostrado pequeños pero inconfundibles indicios de magia desde sus primeras horas. Los juguetes que estaban​ en las estanterías de arriba aparecían en su cuna. El gato de la familia siempre parecía hacer lo que ella le indicaba incluso antes de que ella aprendiera a hablar. A veces se oían sonar las gaitas de su padre desde una habitación lejana, un fenómeno que hacía reír a la pequeña Minerva.

Isobel estaba dividida entre el orgullo y el miedo. Sabía que debía confesarle la verdad a Robert antes de que viera algo que le alarmara. Al fin, en respuesta al paciente interrogatorio de Robert, Isobel rompió a llorar, cogió su varita de la caja cerrada bajo su cama y le mostró lo que ella era.

Aunque Minerva era demasiado pequeña como para recordar aquella noche, sus consecuencias la dejaron con una amarga comprensión de las dificultades de crecer con magia en el mundo muggle. Aunque Robert McGonagall no quiso menos a su mujer al descubrir que era una bruja, quedó profundamente impactado por la revelación, y por el hecho de que le hubiera ocultado semejante secreto durante tanto tiempo. Lo que es más, él, que se enorgullecía de ser un hombre recto y honesto, se veía arrastrado a una vida de secretismo​ que le resultaba ajena a su naturaleza. Isobel explicó, entre sollozos, que ella (y su hija) estaban forzadas por el Estatuto Internacional del Secreto a ocultar la verdad sobre ellas, o enfrentarse a la ira del Ministerio de Magia. Robert también se estremecía al pensar en cómo los vecinos, convencionales, estirados y austeros, se sentirían al tener a una bruja como la esposa de su pastor.

El amor perduró, pero la confianza entre sus padres se había roto, y Minerva, una niña inteligente y observadora, fue testigo de esto con tristeza. Dos niños más, los dos varones, nacieron en la familia McGonagall, y ambos, en su día, revelaron habilidad mágica. Minerva ayudó a su madre a explicarles a Malcolm y a Robert Junior que no debían exhibir su magia, y ayudaba a su madre a ocultarle a su padre los accidentes y vergüenzas que causaban a veces con su magia.

Minerva era muy cercana a su padre muggle, a quien se parecía más en temperamento que a su madre. Veía con dolor cómo le costaba afrontar la extraña situación familiar. Sentía también la carga que soportaba su madre al querer encajar con una villa tan muggle, y cómo echaba de menos la libertad de estar con los de su clase, y ejercer sus considerables talentos. Minerva nunca olvidó cuánto lloró su madre cuando llegó la carta de admisión al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería; sabía que Isobel lloraba no sólo por su orgullo, sino también por envidia.

Carrera escolar

Como suele darse el caso en los jóvenes magos y brujas que llegan de una familia que no ha aceptado del todo su identidad mágica, Hogwarts fue para Minerva McGonagall un lugar de gozosa liberación.

Minerva atrajo una atención inusual sobre sí misma cuando provocó un hatstall entre las casas de Ravenclaw y Gryffindor, y que acabó con Minerva en la segunda de las casas​. (En años posteriores, esta situación fue objeto de humor gentil entre Minerva y su colega Filius Flitwick, sobre el que el Sombrero Seleccionador sufrió la misma confusión, pero que acabó en la situación opuesta. Los dos jefes de casa se divertían pensando que podrían, de no ser por aquellos momentos cruciales en su juventud, estar en posiciones opuestas.*3*

Minerva fue reconocida rápidamente como la estudiante más sobresaliente de su curso, con un talento particular para la transfiguración. Según progresaba en la escuela, demostró que había heredado el talento de su madre y el férreo sentido moral de su padre. La carrera de Minerva en la escuela coincidió dos años con la de Pomona Sprout, futura jefa de la Casa de Hufflepuff, y las dos mujeres disfrutaron de una relación excelente entonces y más adelante.

Para cuando terminó su educación en Hogwarts, Minerva McGonagall había alcanzado un récord impresionante: notas máximas en sus T.I.M.O. y E.X.T.A.S.I.S., prefecta, Premio Anual y ganadora del premio al Novato Más Prometedor de la revista La transformación moderna. Bajo la guía de su inspirador profesor de Transformaciones, Albus Dumbledore, consiguió convertirse en una animaga; su forma animal, un gato atigrado, con marcas de gafas cuadradas alrededor de los ojos, fue incluida en el Registro de Animagos. Al igual que su madre, Minerva fue también una talentosa jugadora de quidditch, pero una dura caída en su último año (una falta en el partido entre Gryffindor y Slytherin que decidía la Copa) la dejó con cardenales, varias costillas rotas y un persistente deseo de ver a Slytherin aplastado en el campo de quidditch. Aunque abandonó el quidditch al dejar Hogwarts, la innatamente competitiva profesora McGonagall siguió interesándose en gran medida por la fortuna del equipo de su casa, y mantuvo un buen ojo para el talento en el quidditch.*4*

Despecho temprano

Al graduarse de Hogwarts, Minerva volvió a la casa parroquial para disfrutar de un último verano con su familia antes de instalarse en Londres, donde le habían ofrecido un puesto en el Ministerio de Magia (Departamento de Seguridad Mágica). Estos meses demostraron estar entre los más duros de la vida de Minerva, porque fue entonces, tan sólo a los dieciocho años, cuando demostró ser realmente la hija de su madre, al enamorarse perdidamente de un chico muggle.

Fue la primera y única vez en la vida de Minerva McGonagall en la que podría haber dicho que perdió la cabeza. Dougal McGregor era el hijo guapo, inteligente y divertido de un granjero local. Aunque no tan bella como Isobel, Minerva era inteligente y ocurrente. Dougal y Minerva compartían el mismo sentido del humor, discutían con ferocidad, y sospechaban de misteriosos secretos el uno del otro. Antes de que ninguno se diera cuenta, Dougal estaba inclinado sobre su rodilla en un campo, proponiéndose, y Minerva estaba dándole el sí.

Volvió a casa, con la intención de anunciarles su compromiso a sus padres, pero se vio incapaz de hacerlo. Se mantuvo despierta toda la noche, pensando en su futuro. Dougal no sabía nada de lo que ella era de verdad, no más de lo que su padre sabía de Isobel antes de casarse. Minerva había sido testigo de cerca del tipo de matrimonio que podía tener si se casaba con Dougal. Sería el fin de sus ambiciones; significaría una varita encerrada, y niños a los que se enseña a mentir, quizás incluso a su propio padre. No se engañaba a sí misma pensando que Dougal McGregor la acompañaría a Londres, mientras ella se iba a trabajar todos los días al Ministerio. Él esperaba heredar en un futuro la granja de su padre.

A la mañana siguiente, temprano, Minerva salió a hurtadillas de la casa de sus padres y fue a decirle a Dougal que había cambiado de idea, y no podía casarse con él. Sabiendo que si rompía el Estatuto Internacional del Secreto perdería el trabajo en el Ministerio por el que le dejaba, no pudo darle una buena razón para su decisión. Le dejó devastado, y se marchó a Londres tres días después.

Carrera en el Ministerio

Aunque no cabe duda de que sus sentimientos por el Ministerio de Magia estaban afectados por haber sufrido recientemente una crisis emocional, Minerva McGonagall no disfrutó mucho su nuevo hogar y su trabajo. Algunos de sus compañeros tenían una fuerte intolerancia hacia los muggles, lo que, dada su adoración por su padre muggle, y su amor aún perdurado por Dougal McGregor, ella deploraba. Aunque era una empleada eficiente y talentosa, y le caía bien su mucho más mayor jefe, Elphinstone Urquart, Minerva no estaba contenta en Londres, y se dio cuenta de que echaba de menos Escocia. Finalmente, tras dos años en el Ministerio, le ofrecieron un prestigioso ascenso, pero se encontró a sí misma rechazándolo. Envió una lechuza a Hogwarts, pidiendo si podían considerarla para un puesto de profesora. La lechuza volvió en cuestión de horas​, con una oferta de trabajo en el Departamento de Transformaciones, bajo el jefe del departamento, Albus Dumbledore.

Amistad con Albus Dumbledore

La escuela recibió a Minerva McGonagall con gran delicia. Minerva se entregó a su trabajo, demostrando ser una profesora estricta pero inspiradora. Si mantenía las cartas de Dougal McGregor en una caja cerrada bajo la cama, eso era (se decía con firmeza) mejor que tener su varita allí. Aun así, fue un shock enterarse de parte de Isobel, que no sabía nada, entre otras noticias locales que ella le enviaba en sus cartas, que Dougal se había casado con la hija de otro granjero.

Aquella tarde Albus Dumbledore la descubrió llorando en su clase, y ella le confesó toda la historia. Albus Dumbledore le ofreció consuelo y sabiduría, y le contó a Minerva parte de su propia historia familiar, que hasta entonces ella desconocía. Las confidencias intercambiadas aquella noche entre dos caracteres tan intensamente reservados llegaron a formar la base de una duradera y mutua estima y amistad.

Matrimonio

Durante sus primeros años en Hogwarts, Minerva McGonagall siguió manteniendo su amistad con su antiguo jefe en el Ministerio, Elphinstone Urquart, Él iba a visitarla a Escocia durante las vacaciones, y para su gran sorpresa y vergüenza, le propuso matrimonio en la tetería de Madame Pudipié*5*. Aún enamorada de Dougal McGregor, Minerva le rechazó.

Elphinstone, sin embargo, nunca dejó de quererla, y siguió proponiéndose de tanto en cuanto, aunque ella seguía rechazándole. Sin embargo, la muerte de Dougal McGregor, aunque traumática, pareció liberar a Minerva. Poco después de la primera derrota de Voldemort, Elphinstone, ahora ya con canas, se propuso otra vez durante un paseo veraniego por el lago de los terrenos de Hogwarts. Esta vez Minerva aceptó. Elphinstone, ahora retirado, no cabía en sí de la alegría, y compró una pequeña casa en Hogsmeade para los dos, de donde Minerva pudiera ir al trabajo todos los días.

Conocida por generaciones de estudiantes como la profesora McgGonagall, Minerva, siempre un tanto feminista, anunció que conservaría su apellido al casarse. Los tradicionalistas resoplaban: ¿por qué se negaba Minerva a aceptar un apellido de sangre pura, y mantenía el de su padre muggle?

El matrimonio (finalizado de manera breve y trágica, aunque estaba destinado a ser así) fue uno muy feliz. Aunque no tuvieron hijos propios, los sobrinos de Minerva (los hijos de sus hermanos Malcolm y Robert) visitaban su casa con frecuencia. Este fue un periodo de gran plenitud para Minerva.

La muerte de Elphinstone por el mordisco de una Tentacula Venenosa, a los tres años del matrimonio, fue un enorme desconsuelo para todos los que conocían a la pareja. Minerva no podía soportar quedarse sola en su casa, e hizo el equipaje tras el funeral de Elphinstone y volvió a su pequeño cuarto en el castillo de Hogwarts, accesible mediante una puerta oculta en el muro de su despacho en el primer piso. Siempre una persona muy valiente y retraída, dedicó todas sus energías a su trabajo, y pocos (salvo tal vez Albus Dumbledore) llegaron a darse cuenta de cuánto sufría."

Pensamientos de J.K. Rowling

"Minerva era la diosa romana de los guerreros y la sabiduría. William McGonagall es celebrado como el peor poeta de la historia de Gran Bretaña. Para mí había algo de irresistible en su apellido, así como la idea de que una mujer tan brillante pudiera ser un pariente distante del bufón de McGonagall.

Una pequeña muestra de su trabajo dará una idea de su valor cómico no pretendido. Lo siguiente fue escrito como parte de un poema conmemorando un desastre en la vía férrea victoriana:

Beautiful Railway Bridge of the Silv´ry

Tay!

Alas! I am very sorry to say

That ninety lives have been taken away

On the last Sabbath day of 1979,

Which will be remember´d for a very

long time.*6*"

*1* Muy probablemente Robert era anglicano una rama del cristianismo común en Gran Bretaña, pues sus sacerdotes pueden casarse, al contrario que los sacerdotes católicos, más comunes en España.

*2* El condado de Caithness se encuentra en el norte de Escocia.

*3* Para más información sobre el hatstall, consultad este texto:

*4* Como Harry puede atestiguar.

*5* Esta tetería está en Hogsmeade. Harry y Cho tendrán allí su única cita en La Orden del Fénix.

*6* La gracia de este poema es que rima bien y tiene melodía, pero es terriblemente directo y nada poético. La traducción sería más o menos esta:

¡Hermoso Puente de la Plateada

Vía!

¡Ay! Lamento decir

Que nueve vidas se han perdido

En el último día sábado de 1979,

Que será recordado por mucho

mucho tiempo.